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Roma,¡ por fin llegamos!

Poco a poco vamos dejando atrás las regiones del sur de Italia y nos acercamos a Roma. Flavio está muy emocionado por llegar a casa en su propio velero, para él es todo un logro y para mí también. A veces sueño el día que cruce el puente colgante de Portugalete con el velero. Pero de momento vamos a centrarnos en el Tirreno.

A veces es duro dejar un lugar atrás como Ventotene

Ventotene ha sido otro de los lugares que nos ha dejado huella, y que siempre recordaremos, esas tardes tomando una birra (o dos) en la panadería-bar-karaoke, sentados con los insulanos contándonos sus historias… Siempre cuesta dejar sitios como éste, a veces desearía tener un botón de pausa.

Cenando en un restaurante del muelle del antiguo puerto romano de Ventotene

Al mismo tiempo, sabes que el espectáculo debe continuar y hay que seguir adelante: te sigues repitiendo que seguro que habrá muchos más lugares y personas con las que nos encontraremos en el viaje y sabemos que habrá más aventuras que grabar en nuestras pieles saladas.

Supongo que logramos convencernos de que dejar Ventotene era la elección correcta y así el 16 de julio nos despedimos de nuestro querido Puerto Romano. Esta vez nos dirigíamos a Anzio, en la costa italiana, no lejos de Roma.

Anzio y Nettuno: tierras de gente afectuosa

Para llegar a nuestro próximo destino, tuvimos que navegar un total de 56 millas náuticas, ¡que se dice pronto! así que zarpamos pronto por la mañana para intentar llegar antes del atardecer y poder entrar en puerto o echar el ancla justo en frente de su bocana.

Navegando hacía Anzio

Era un día con bastante viento y nubes. Llegamos a Anzio a eso de las 7pm e intentamos llamar al puerto, ya que habíamos probado a fondear pero había demasiado oleaje y el barco se movía mucho: después de una travesía, teníamos la necesidad de dormir plácidamente. Desde el puerto de Anzio, nos informaron que estaba todo ocupado y que no había disponibilidad para amarrar.

Dejando Ventotene y rumbo a Anzio.

Las malas noticias no nos desanimaron y sabíamos que teníamos dos opciones: echar el ancla frente al puerto (y pasar la noche en vela por el oleaje que viene del NO) o ir a Nettuno, un pueblo cercano que cuenta con un puerto grande (y caro).

Pero primero, decidimos probar y echar un vistazo más de cerca al puerto deportivo de Anzio. Queríamos comprobar si podíamos encontrar algún hueco.

Después de una emocionante entrada por la bocana del puerto (que es amplia pero extremadamente poco profunda con bancos de arena que no aparecen en las cartas náuticas), vimos una gasolinera justo al lado de la entrada.

La bocana del puerto de Anzio: a pesar de ser amplia es muy poco profunda. En algún momento, sólo teníamos 30-50 cm de agua por debajo de la quilla del Bolero. No te fíes de las cartas de navegación si pasas por la zona.

Nuestra idea original era llenar el tanque de diesel y preguntar al hombre que la gestionaba si podía ayudarnos a encontrar un lugar para pasar la noche.

El hombre de la gasolinera al vernos se fijó en la bandera de Bolero y enseguida preguntó con un acento romano muy típico: "¿De verdad habéis navegado desde España con esta cosa?". Nos echamos a reír y le dijimos que en realidad habíamos estado en Cerdeña y Sicilia con nuestra pequeña cosa flotante. Fue amor a primera vista.

Bolero en el surtidor de gasolina de Ennio, junto a la entrada del puerto. Pasaremos la noche aquí.

Ennio, ese era su nombre , inmediatamente nos dijo que podíamos quedarnos gratis y pasar la noche allí. Poco después vinieron sus dos amigos/socios y nos tomamos unas cervezas juntos. Luego, Ennio llamó a un restaurante cercano, reservó una mesa para nosotros e incluso ¡nos llevó en su coche! Cenamos muy bien el restaurante que nos había recomandado: Cavallo Pazzo.

No cabe duda de que estos son los momentos que más hemos disfrutado durante nuestro viaje a Italia, y hemos tenido bastantes. Ese sentimiento de gratitud que tienes cuando conoces a un extraño que hace todo lo posible por ayudarte, es simplemente fantástico y te cambia la perspectiva del lugar que estás visitando .

Al día siguiente por la mañana, fuimos a la Marina de Nettuno, ya que teníamos el puerto reservado, y unos cuantos compromisos familiares a la vista, ¡por fin caras conocidas!

Piazza Marcantonio Colonna - Nettuno se estableció en el siglo V a.C. y se convirtió en un patio de recreo romano, donde los emperadores y las élites tenían sus suntuosas villas para alejarse de la ciudad y disfrutar de un poco de playa y desenfreno.

Nettuno (junto con Anzio) es probablemente más conocido por su historia reciente: fue el lugar del desembarco aliado en Italia el 22 de enero de 1944, junto con un ataque a la Línea Gustav.

Flavio y su padre que vino de Roma para pasar el día con nosotros.
Aquí estamos con Fabio, un viejo amigo de Flavio, que es originario de Nettuno. Estaba por casualidad con su familia en la zona.

Por la noche, mientras buscábamos un lugar para cenar, encontramos una típica fraschetteria y sin dudarlo mucho, nos sentamos y probamos su tagliere (cortes de embutidos y quesos) mientras escuchábamos un dúo cantando canciones típicas romanas.

Un tagliere típico con una amplia selección de embutidos y quesos. Al final de la cena, pasamos un rato hablando con el propietario y descubrimos que era el hermano de Ennio (el tipo de la gasolinera de Anzio). ¡Qué pequeño es el mundo!

Llegamos a Civitavecchia y aprovechamos para ir a Roma y Bilbao para ver a familiares y amigos

Después de pasar dos días en Nettuno, zarpamos hacia Civitavecchia. Tardamos casi 12 horas (unas 60 millas náuticas) en llegar al histórico Puerto Romano donde dejamos Bolero durante casi dos semanas en el puerto gestionado por Amici della Darsena Romana.

Pasamos algunos días en Roma visitando amigos y familiares que no habíamos visto en muchos meses debido al COVID-19. Yo me escapé unos días a Bilbao para abrazar a mis padres y tomar unos pintxos con mis amigos.

Varada en Riva di Traiano, no lejos de Civitavecchia. En mayo, cuando estábamos en Sicilia, se nos enredó un cabo en la hélice. Fue fácil liberarlo, pero el accidente causó una pequeña fuga de aceite.

Mientras estábamos en Roma, aprovechamos la oportunidad para sacar el Bolero y cambiar el anillo de sellado del Sail Drive. Los mecanicos de Cantiere Riva di Traiano lo hicieron genial y rápido. Después de un par de horas, el Bolero estaba nuevamente en el agua, flotando y listo para continuar el viaje.

El último día antes de irnos, con nuestro sobrino Andrea en el puerto de Civitavecchia.

Síganos mientras continuamos nuestro viaje por las islas de la Toscana y nos encontramos con unos viejos amigos.

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Sportscraft
2 years ago

Great content! Keep up the good work!

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